LA CRISIS DE LA MITAD DE LA VIDA

 

 

 

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Una crisis es un desorden temporal a ordenar; tiempo de mirar tu vida desde otra perspectiva y, desde ese nuevo lugar, modificarla una vez más.

Una crisis es otra oportunidad de evolucionar.

  

 

Cada cambio de década en tu edad desata una crisis que luego se supera. La vida es una sucesión de períodos de orden y desorden, de desorganización y posterior elaboración de la misma.

 

 

·        La primera gran crisis surge en el mismo momento del nacimiento a partir de abandonar ese espacio perfecto de contención, calor, alimento y oxígeno que es el vientre materno; lugar al que nunca se regresará.

·        El destete marcará otra crisis vital.

·        La bipedestación, el comenzara a andar por sus propios medios lleva al niño a elaborar esta nueva perspectiva del mundo desde otra altura y con un logro nuevo de independencia que también altera ese orden establecido.

·        La escolarización, las primeras separaciones de la madre y la incorporación al mundo social y de la educación sistemática con sus propias normas, pautas y límites serán causa de una nueva crisis vital.

·        El ingreso a la pubertad señala un nuevo período crítico en el que el púber navega a dos aguas entre la infancia y la prefiguración de la mentalidad adulta.

·        La adolescencia es una etapa de cambios relevantes cuyas consecuencias se manifiestan en una crisis motivada por diferentes duelos: el duelo por la pérdida del cuerpo infantil, por la pérdida de los padres de la infancia y por la pérdida de los roles infantiles.

·        Aproximadamente a partir de los 22 o 23 años, la adultez trae su propia crisis marcada por la inclusión en el mundo laboral, la elección de pareja y la elección de la concreción, o no, de una familia; es decir el acceso a la maternidad y la paternidad.

 

 

De acuerdo a la mayor conciencia con que  atravieses esta crisis mayor será el fortalecimiento de tu personalidad con miras hacia el nuevo presente y  más fuertes serán las bases que  sientes para la elaboración de posibles crisis siguientes.

 

La crisis de la edad media de la vida se extiende entre los 40 y los 60 años .es un tiempo de transición, de replanteo de la vida y de duelo por algunas pérdidas.

 

 

Es oportuno recordar aquí que Sigmund Freud, quien fuera el creador del psicoanálisis, haya expresado con simple  y profunda precisión que el objetivo central del psicoanálisis consiste en que la persona pueda    amar y  trabajar:

Los dos pilares de toda vida.

Al llegar a esta etapa se espera que  hayas adquirido  total equilibrio tanto laboral como afectivamente,  tiendes a hacer un repaso de lo que fue tu vida hasta este momento y el riesgo que  corres es el de estar más pendiente de lo que aún te falta que de lo que ya  tienes.

De acuerdo al lugar del presente desde el que  te detengas a mirar hacia atrás será el modo en que te enfrentes con tu “ahora”:

-A través de la autocompasión que sólo representa una garantía de no llegar a ninguna solución.

-A través de la hiperactividad cuando de repente y sin saber por qué tienes la necesidad de hacer muchas cosas que nunca antes habías hecho ni pensado:estudiar teatro, aprender lenguas extrañas,comenzar a fumar, teñirte el pelo de colores insólitos.

Hay una 3ª opción que no sólo sintetiza a las otras dos sino que es la más operativa y auténtica.

-Hacer una sincera autocrítica, constructiva por sobre todas las cosas, de ti misma.

Sopesar todo lo que has conseguido y te hace feliz y también todo lo que anhelas y podría ser beneficioso para tu vida.

No pensar en lo no hecho como algo que no tienes sino como algo por hacer.

La edad media de la vida con su gran caudal de madurez es una etapa llena de oportunidades de seguir creciendo  y  desarrollándose.

Es un tiempo de disfrutar los logros alcanzados.

Tiempo de balance.

Tiempo de nuevas elecciones que a veces están marcadas por eventos que pueden ser traumáticos como el divorcio, cambio de ocupación o situaciones como la menopausia para las mujeres y la andropausia para los hombres.

 

  

La menopausia implica un duelo por la pérdida de la fertilidad lo que para muchas mujeres es una experiencia displacentera mientras que otras se sienten liberadas hasta el punto de potenciar su placer sexual por la libertad que obtienen.

 

Los hombres ingresan en la andropausia, en su climaterio con un cambio corporal y psíquico brusco, razón por la cual su sostén se ubica en su status y su posición económica.

Este aspecto de la crisis puede llevar a decisiones equivocadas como el cambio de pareja con alguien mucho menor como una necesidad de rejuvenecer olvidando el imparable avance del reloj biológico.

 

  

Pero lo más importante que te ocurrirá en esta etapa de tu vida está marcado por tu libertad

 

-Tienes más tiempo para ti misma.

-Puedes abrir nuevos caminos por elección individual.

-Puedes emprender proyectos que quedaron relegados a un 2º plano por tener más tiempo libre y más experiencia.

Es un momento propicio para concentrar la atención en tus propias necesidades

 

 Esta crisis no sólo tiene que ver con el cambio de década que siempre es movilizante, ni con cumplir un año más, también influyen los cambios físicos y los reacomodamientos de la familia.

 

Uno de estos reacomodamientos se conoce con el nombre de síndrome del nido vacío: Sensación de vacío emotivo que experimentan los padres cuando los hijos se independizan, abandonando el hogar paterno.

 Sentimiento de vacío, temor y desconfianza que provoca la perspectiva de perder el control sobre los hijos.

Vacío que, sin duda, se puede llenar de contenido.

 

“La salida de los hijos del hogar supone no sólo el reconocimiento (ya no es un “niño-a”, “no es mi pequeño-a”), sino la asunción emocional de que los vástagos se han convertido en personas adultas y diferentes, que con su emancipación rompen definitivamente el cordón umbilical, para ejercer su derecho y su deseo de vivir como seres autónomos. Ante el vacío físico y emocional que causa la marcha de los hijos, la madre ha de buscar algún nuevo eje para reestructurar y organizar su vida. Y, desde luego, asumir la maternidad desde un ángulo muy diferente. Entre otras cosas, porque más pronto que tarde se convertirá en abuela. Para evitar la caída en la soledad y el desánimo, esta etapa requiere respuestas prácticas y positivas. Si la salida del hogar ya suponía de por sí una crisis, hay que agregarle la influencia del motivo por el que salen y el cómo lo hacen: si queda el gozo de unas buenas relaciones o el regusto amargo de la salida por una convivencia difícil. De todos modos, a pesar de que todas estas circunstancias repercuten en cómo perciben y sienten los padres la marcha de los hijos, ese momento (cuando ya no queda ningún hijo en casa) significa un antes y un después para la vida de todas las familias. También ocurre que, en ocasiones, esta delicada situación hace emerger un problema aún mayor: una relación inestable, conflictiva, poco consolidada o incluso inexistente entre el padre y la madre, que se ha ido cubriendo, tapando, con la atención a las siempre absorbentes vivencias de los hijos. Y así, cuando éstos se ausentan del hogar, vuelven a estar solos, frente a frente el marido y la esposa. Con sus propios problemas. Ahora bien, y todo hay que decirlo, en una relación equilibrada de pareja, el ”nido vacío” es una expectativa que algunos padres llegan a anhelar, porque anuncia una etapa de más libertad en la que es posible retomar aficiones abandonadas o aspirar a nuevos objetivos. Puede percibirse en muchas parejas como una etapa de liberación, en especial cuando se ha demorado mucho la salida de los hijos del hogar, ya que la diferencia intergeneracional de costumbres e intereses propicia algunos roces o, cuando menos, una convivencia en escasa armonía. Aprovechar la ocasión Es un momento propicio para que los padres hagan una reevaluación de su matrimonio, llenen el “nido vacío” y desarrollen una relación distinta, de adulto a adulto, entre ellos y también con los ex-niños que se han ido de casa.

Como todo cambio de ciclo, supone dificultades, ya que en este camino hay que articular nuevos mecanismos de adaptación y ajuste. Pero seamos realistas: el éxito o fracaso de esta nueva fase se verá muy influido por lo que haya ocurrido en las precedentes. Virginia Satir, asistente social y terapeuta familiar, propone una “lista de aprendizaje” sobre la competencia personal indispensable para atravesar con éxito cada ciclo vital. Es la que sigue:

  • Diferenciación: distinguir entre tú y yo.

  • Relaciones: saber conectarte contigo y con los demás.

  • Autonomía: depender de mí mismo y ser distinto a los demás.

  • Autoestima: sentimiento de valía personal.

  • Poder: utilizar mi energía para iniciar y dirigir mi conducta.

  • Productividad: manifestar la competencia.

  • Capacidad para amar: ser compasivo, aceptar a los demás, dar y recibir afecto.”

   

Pero existe otra manera de ver el nido que dista de la sensación de vacío y temor.

Los hijos se van de casa lo que implica reencontrarse con la pareja: buen momento para seguir evolucionando juntos, compartir actividades, retomar salidas y viajes a solas; no esperar más por el momento apropiado de los encuentros amorosos  y disfrutar de la mutua compañía.

 

 

Por mayor que sea la tristeza por la marcha de los hijos esta no debe opacar lo positivo que esta partida trae para la pareja y para cada uno individualmente. No obstante hay modos de encarar esa tristeza y es básicamente hablando en los lugares pertinentes; esto es: con los hijos, con la pareja, con los amigos, con un profesional. Estas conversaciones también te ayudarán a discriminar cuánto hay de dolor por el crecimiento de tus hijos y cuánto de temor ante el propio crecimiento y la falta de costumbre de estar, contigo misma, a solas.

 

ALGUNAS PROPUESTAS:

 

-Haz un repaso de tu vida dando trascendencia a lo que tienes. No te quedes mirando hacia atrás, hacia lo que no has tenido, no has hecho o has perdido. Si igual ya está, ya pasó. Ya no puedes cambiar el pasado; llorarlo o intentar modificar eso que es inmodificable puede ser la causa de que te pierdas el presente o lo que es más irreparable aún: el futuro.

-Cuida lo que tienes.

-Haz buenos cambios.

-usa esta irreemplazable libertad que tienes con conciencia de quien eres y cómo eres.

 

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            Mariana Fiksler
   
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